Ana Mattioli

Existen dos ideas que entiendo son determinantes en la obra de Ana, y que si bien aún se mantienen en vilo debajo de una capa de belleza estética y una clara conciencia del hacer, están pulsantes y cada tanto se dejan filtrar a través de las grietas que de vez en cuando, la artista deja en su obra para que podamos inmiscuirnos un poco más profundo de la simple lectura inicial.


Si bien el titulo con el que Ana nos presenta la obra Above the Shit (Por encima de la mierda), ya es un condicionante para explicarnos tanto formal como conceptualmente, de que va lo que hace, no puedo dejar de pensar en la idea de frontera cuando veo sus fotos, pinturas y grabados. La artista se posiciona parada sobre un inodoro, donde sabemos está la mierda, y allí se hace la foto. Entendemos entonces su posición de estar, literalmente encima del excremento, pero también, y este ya es un posicionamiento más político, por encima de todo lo que entendemos por mierda, de la mierda que vemos a diario, de la mierda del mundo en el que vivimos, o quizá de la mierda a la que ella se ha tenido que enfrentar. Podría decirse que la idea es clara y puntual. Pero acá estamos pasando algo por alto. Hay una frontera que Ana no cruza, ella se presenta pulcra pisando siempre la tapa del inodoro, portando unos tacones dorados impolutos y dejando entrever unas piernas especialmente cuidadas, que nos hacen olvidar, más allá del titulo de la obra, que esa foto de hecho esta siendo tomada por encima de la mierda. Al mejor estilo duchampiano, el inodoro deja de ser el destino final del desecho, y se convierte en una parte más del esteticismo cuidado en la composición de la artista. La tapa del inodoro es la frontera que no se cruza, que no permite que la obra se manche de mierda, que no deja que los tacones dorados, pierdan su brillo.

Y es cuando no se cruza esa frontera, cuando la tapa del inodoro permanece cerrada para que Ana se pueda subir, donde aparece la que creo es la idea más fuerte de la obra. Nos queda entonces una mujer que se ubica por encima de la escala humana, exhibiendo unos flamantes tacones y apoderándose de su propia imagen al retratarse sin miedo ni vergüenza, frente a un espejo gigantesco, el espejo que siempre juzga. Nos queda parte de lo poderoso del discurso reivindicativo actual, del empoderamiento femenino con sus infinitas bifurcaciones, lo potente de la imagen de una artista que, aunque nos habla de la mierda, lo que nos muestra en realidad es, como una suerte de flor de loto, la capacidad de brillar por encima de esa mierda. A mi entender la obra de Ana es política, auto reivindicativa y feminista, y su potencia recae en que esa no es la primera lectura de la obra, porque muy sutilmente la artista se encarga de poner la entonación en la ejecución formal, permitiendo que el discurso cale, solo para quien le interese ver un poco mas allá del brillo inicial.

Si Ana hubiera sido contemporánea de Botticelli, lo hubiera convencido de pintar su Venus encima de un inodoro y no de una concha de mar

Galeria del proceso

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Barcelona